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1. Énfasis excesivo en seleccionar por conocimientos. Existe un sesgo importante en la mayoría de las empresas a considerar que los conocimientos son una característica superior a las competencias y las habilidades. El problema de seleccionar por conocimientos es que, en el mejor de los casos, sólo son un predictor de lo que la gente puede hacer, no de lo que hace. Es bien conocido el caso del gurú que no puede darse a entender o el Doctor en matemáticas que no puede enseñar a sumar. Por esto, resulta más fácil y costo efectivo dar capacitación a personas que muestran las actitudes y habilidades adecuadas, que invertir en cambiar en la parte más profunda de su personalidad a los individuos para tener éxito.

2. Los procesos de RRHH no se articulan en torno a una plataforma central y común. Es común ver a las áreas de RRHH aisladas en procedimientos y rutinas sin un enfoque a generar valor para la organización. Al no existir una referencia sobre las competencias del ejecutivo ideal se pierde la coherencia de los sub-procesos y la alineación con los objetivos. Dadas estas condiciones RRHH no cuenta con una referencia específica sobre los resultados y el valor esperado de si mismo,
traduciéndose en problemas de comunicación y expectativas con las áreas funcionales y la dirección.

3. El desarrollo se visualiza como una actividad sin fin. El desarrollo del equipo ejecutivo se concibe como una actividad sin fin, en la que no existen metas u objetivos específicos de alineación y, paradójicamente, de desarrollo personal. Los programas son concebidos como una prestación o realización personal no como un medio efectivo para reforzar actitudes y comportamientos que impactan los resultados a partir de la estrategia de negocio.

4. No existe un lenguaje común interno respecto a las características del ejecutivo ideal. Generalmente en la organización existen perfiles por puesto que describen los conocimientos y habilidades que debe tener los ejecutivos para ocupar un puesto, pero no un documento de referencia donde se describan las conductas, actitudes y comportamientos requeridos para desempeñarse con éxito dentro de la empresa, derivados directamente de las competencias organizacionales y la estrategia de negocio. No es una tarea fácil identificar detalladamente las conductas observables que conducen al éxito de un ejecutivo con desempeño superior, pero si indispensable.